Poco a poco fui abriendo los ojos, aunque no conseguía
ubicarme. Me sentía aturdida. Intenté levantarme, pero lo veía todo negro. O
igual blanco, no lo sé, no consigo recordarlo, sólo veía ausencia de todo.
Volví a cerrar los ojos e hice un esfuerzo por recordar qué había pasado. Veía
a mi madre. ¿A mi madre? ¿Qué significa eso? Tal vez la falta y la añorancia
que siento hacia ella me hacían volverme loca. De nuevo, abrí los ojos, di unos
pasos al frente y noté algo. Sentía calor, calor en pleno invierno. Sentía ese
calor que se siente cuando te abraza fuerte alguien a quien hacía tiempo que no
veías. Ese calor que solo te transmiten ciertas personas.